viernes, 31 de agosto de 2012

Sueño

Cuentan, que en el lugar más hermoso del universo, vivía un niño llamado Sueño, el cual anhelaba crecer y conocer otros mundos.
Sueño se divertía jugando y jugando todo el día por aquí y por allá, en las nubes....
Una vez, Sueño se dio cuenta que él no crecía como lo hacían sus amigos; además, empezó a sentirse muy débil, y poco a poco perdió las ganas de jugar.
Un día, Dios, que desde el cielo veía a su hijo Sueño tan débil, envió un mensajero celestial en su ayuda.
El mensajero llevaba un maletín muy especial que contenía alimentos divinos para fortalecer y hacer crecer a Sueño.
Desde el primer bocado que Sueño tomó aquellos alimentos divinos, y durante todos los días que el mensajero se pasó cuidando y alimentando a Sueño, éste empezó a mejorar.
Estas divinas comidas constaban de: caldo de constancia con fuerza, platos nutritivos de voluntad y trabajo, postres hechos a base de paciencia, zumos a base de decisión y, lo más importante mucha dosis de confianza y amor.
Sueño creció y creció, y llegó a dejar de ser Sueño para convertirse en Meta. Y claro que siguió jugando, pero ya no por las nubes, sino en la tierra. Y conoció otros mundos como la felicidad y la satisfacción.
Y al poco tiempo, Nube, o sea Meta, se transformó en Realidad.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Responder ante el abuso

Un hombre agasajó a un vecino, que le había ayudado, invitándolo a comer un magnífico guiso de gallina.
Días después, se presentaron algunos familiares del vecino para probar el excelente guiso de gallina.
El dueño, agradecido, invitó a todos a comer.
Pasados otros días, se presentaron unos familiares de los familiares del vecino para degustar el famoso guiso de gallina. El dueño también los atendió siguiendo las leyes de la hospitalidad.
Una semana después, aparecieron unos amigos de los familiares de los familiares del vecino que había hecho el favor al dueño de la casa. Venían a comer el buen guiso de gallina.
Esta vez, el dueño sirvió a sus huéspedes un caldo aguado y soso.
-¿Esto qué es?- preguntaron los recién llegados.
-Nos habían hablado de un guiso de gallina excelente.
A lo que el dueño de la casa les respondió: -Pues esta es la sopa de la sopa del caldo de la gallina guisada.

domingo, 26 de agosto de 2012

Reconocer

Un señor, que tenía un gran problema de miopía, se consideraba un experto en crítica de arte.
Un día visitó un museo con su mujer y algunos amigos. Se le habían olvidado las gafas y no podía ver las obras con claridad; pero eso no le frenó a manifestar sus fuertes opiniones.
Según entraron en la galería empezó a criticar los diferentes cuadros. Al detenerse ante lo que pensaba que era un retrato de cuerpo entero, comenzó a criticarlo.
Con aire de superioridad dijo:
-El marco es completamente inapropiado para el cuadro. El hombre está vestido de una forma muy ordinaria y andrajosa. El autor ha cometido un completo error al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. Es una falta de respeto al arte y al buen gusto.
El hombre siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar a él entre la multitud. Discretamente lo apartó de la gente y le dijo:
-Querido, estás mirando un espejo.

viernes, 24 de agosto de 2012

El peso de las creencias

Dos monjes jóvenes fueron enviados a visitar un monasterio cercano. Ambos vivían en su propio monasterio desde niños y nunca habían salido de él. Su mentor espiritual no cesaba de hacerles advertencias sobre los peligros del mundo exterior y lo cautos que debían ser durante el camino.Especialmente incidía en lo peligrosas que eran las mujeres para unos monjes sin experiencia:
-Si veis una mujer, apartaos rápidamente de ella. Todas son una tentación muy grande. No debéis acercaros a ellas, ni mucho menos hablar, por descontado, por nada del mundo se os ocurra tocarlas.
Ambos jóvenes aseguraron obedecer las advertencias recibidas, y con la excitación que supone una experiencia nueva se pusieron en marcha. Pero a las pocas horas, ya a punto de vadear un río, escucharon una voz de mujer que se quejaba lastimosamente detrás de unos arbustos. Uno de ellos hizo ademán de acercarse.
-Ni se te ocurra- le atajó el otro-. ¿No te acuerdas de lo que nos dijo nuestro mentor?
-Si, me acuerdo; pero voy a ver si esa persona necesita ayuda- contestó su compañero.
Dicho esto, se dirigió hacia donde provenían los quejidos y vio a una mujer herida y desnuda.
-Por favor, socorredme, unos bandidos me han asaltado, robándome incluso la ropa. Yo sola no tengo fuerzas para cruzar el río y llegar hasta donde vive mi familia.
El muchacho, cogió a la mujer herida en brazos y, cruzando la corriente, la llevó hasta su casa situada cerca de la orilla. Allí, los familiares atendieron a la asaltada y mostraron el mayor agradecimiento al monje, que poco después reemprendió el camino de regreso junto a su compañero.
-¡Dios mío! No sólo has visto a esa mujer desnuda, sino que además la has tomado en brazos.
Así era recriminado una y otra vez por su acompañante.
Pasaron las horas, y el otro no dejaba de recordarle lo sucedido.
-¡Has cogido a una mujer en brazos! ¡Has cogido a una mujer desnuda en brazos! ¡Vas a cargar con un gran pecado!
El joven monje se paró delante de su compañero y le dijo:
-Yo solté a la mujer al cruzar el río, pero tú todavía la llevas encima.

martes, 21 de agosto de 2012

Cuatro velas

Cuatro velas se estaban consumiendo tranquilamente.
El ambiente de la sala era tan silencioso que se podía escuchar el diálogo entre ellas.
La primera dice:
-¡Me llamo Paz! A pesar de mi luz, las personas no consiguen mantenerme encendida - poco a poco disminuyó su llama y se apagó.
La segunda dice:
-¡Yo me llamo Fe! Infelizmente soy superflua para las personas, porque no se interesan en saber de Dios; por eso creo que no tiene sentido continuar encendida - al terminar sus palabras, un ligero soplo de viento la apagó.
En voz baja y triste, la tercera vela decía:
-¡Yo me llamo Amor! No tengo mas fuerzas de seguir encendida. Las personas me dejan de lado porque solo se interesan por ellas mismas; se olvidan de aquellos que están a su alrededor - y también se apagó.
De repente una niña entró en la sala y vio las tres velas apagadas.
- No podéis estar apagadas, debéis estar encendidas y consumiros hasta el final.
Entonces, la cuarta vela habló:
- No tengas miedo niña, siempre que yo esté encendida podremos encender las otras velas.
Entonces la niña tomó la cuarta vela, de nombre Esperanza, y encendió nuevamente las velas apagadas.